Consagración: Virgen María, señora del Santo Rosario, consagro este mes completamente a ti. Que cada cuenta de mi Rosario sea una súplica de amor, de protección y de conversión para mi alma y la de mi familia. Recibe mis intenciones más profundas. Tú conoces mis necesidades más que yo mismo. Tú sabes lo que mi corazón calla por pudor y lo que grita por desesperación. Llévame a Jesús por el camino más corto. Defiende mi alma de todo mal. Protege mi hogar de toda influencia negativa, que tu Rosario sea mi escudo y mi fortaleza todos los días de mi vida. Ruega por mí ahora y en la hora de mi muerte, que cuando llegue mi último momento sea tu rosario lo que me acompañe al encuentro con tu hijo.
Amén
Haz tu petición para 3 intenciones específicas:
-
- 1 personal
- 1 familiar
- 1 por las intenciones de María
Rosario de hoy martes
Misterios Dolorosos
Inicio: Señal de la Santa Cruz
Acto de contrición:
Nuestro primer paso nos lleva al silencio de la noche, a un huerto llamado Getsemaní. Después de la Última Cena, sabiendo lo que le esperaba, Jesús se retira a orar. Imaginemos su angustia, su alma triste hasta la muerte. "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no sea como yo quiero, sino como tú". Ve la ingratitud de los hombres, el peso de nuestros pecados. Suda gotas de sangre. Sus discípulos, a quienes pidió velar con Él, se duermen. Contemplemos la soledad de Cristo, su agonía humana ante el sufrimiento inminente y su perfecta sumisión a la voluntad del Padre. Aprendamos de Él a buscar refugio en la oración en nuestros momentos de prueba y a aceptar el cáliz que Dios nos presente.
El primer misterio doloroso: La Oración de Jesús en el Huerto.
- Un (1) Padre Nuestro
- Diez (10) Ave María
- Un (1) Gloria
- Un (1) María, Madre de gracia
- Un (1) Oh, Jesús mío
De la agonía en el huerto, pasamos a la traición y la violencia. Jesús, entregado por Judas, es llevado ante Pilato. El gobernador, queriendo complacer a la multitud, lo condena a ser azotado. Imaginemos la crueldad de los soldados, los golpes despiadados que desgarran la carne santa de nuestro Salvador. Cada latigazo es por nuestros pecados, por nuestras rebeldías. Su cuerpo, templo del Espíritu Santo, es reducido a una llaga viva. Meditemos en la infinita paciencia de Jesús, su silencio ante el dolor infligido. Unámonos a su sufrimiento, ofreciendo nuestras propias mortificaciones y penitencias por la conversión de los pecadores y en reparación por nuestras faltas.
El segundo misterio doloroso: La Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo atado a la columna.
- Un (1) Padre Nuestro
- Diez (10) Ave María
- Un (1) Gloria
- Un (1) María, Madre de gracia
- Un (1) Oh, Jesús mío
La crueldad no cesa. Los soldados, no contentos con la flagelación, quieren añadir la burla a su tormento. Tejen una corona con ramas espinosas y la clavan con saña sobre la cabeza de nuestro Rey. Lo visten con un manto de púrpura, le ponen una caña por cetro y se arrodillan ante Él en son de mofa: "¡Salve, Rey de los judíos!". Escupen su rostro, lo abofetean. Contemplemos la humildad de Jesús, que siendo Rey del Universo, soporta tal humillación por amor a nosotros. Meditemos en cómo las espinas de nuestra soberbia, de nuestros malos pensamientos, traspasaron su frente sagrada. Pidamos la gracia de reconocerlo como nuestro único Rey y de arrancar de nuestra vida todo aquello que lo ofende.
El tercer misterio doloroso: La Coronación de espinas.
- Un (1) Padre Nuestro
- Diez (10) Ave María
- Un (1) Gloria
- Un (1) María, Madre de gracia
- Un (1) Oh, Jesús mío
Cargado con el instrumento de su propio suplicio, comienza el camino hacia el Calvario. Imaginemos esa vía dolorosa: un cuerpo exhausto, llagado, que apenas puede sostenerse. Cae una y otra vez bajo el peso de la cruz, el peso de nuestros pecados. Se encuentra con su Madre Santísima, y sus miradas se cruzan en un abismo de dolor y amor. El Cirineo es obligado a ayudarle, pero es el amor lo que impulsa a Jesús a seguir adelante. Contemplemos la fortaleza de Cristo en medio de tanto sufrimiento y la compasión de quienes intentaron aliviar su carga. Aprendamos a llevar nuestras cruces diarias con paciencia y a ayudar a nuestros hermanos a llevar las suyas, sabiendo que en cada paso doloroso nos unimos más a nuestro Redentor.
El cuarto misterio doloroso: Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario.
- Un (1) Padre Nuestro
- Diez (10) Ave María
- Un (1) Gloria
- Un (1) María, Madre de gracia
- Un (1) Oh, Jesús mío
Finalmente, llegamos a la cima del Gólgota, el lugar de la calavera. Allí, es despojado de sus vestiduras y clavado en la cruz entre dos ladrones. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Siete palabras pronuncia desde el madero, testamento de su amor infinito. "Tengo sed", sed de almas. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", el grito de la humanidad sufriente que Él asume. "Todo está cumplido". E inclinando la cabeza, entrega su espíritu. La tierra tiembla, el velo del Templo se rasga. Contemplemos el sacrificio supremo, el Cordero de Dios inmolado por nuestra redención. A los pies de la cruz, María nos acoge como hijos. Meditemos en el amor sin límites que llevó a Jesús a morir por nosotros, y en la esperanza que brota de su muerte, pues por sus llagas hemos sido curados y por su muerte hemos obtenido la vida eterna.
El quinto misterio doloroso: La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
- Un (1) Padre Nuestro
- Diez (10) Ave María
- Un (1) Gloria
- Un (1) María, Madre de gracia
- Un (1) Oh, Jesús mío
- Letanías a la Santísima virgen
- Padre Nuestro
- Ave María
- Gloria
- Salve a la Virgen
- Avemaría purísima, sin pecado concebida
- Señal de la Santa Cruz
Oración final: Virgen María, toma estas súplicas en tu inmaculado corazón. Presenta cada una ante el trono del altísimo. Yo confío en tu intercesión poderosa porque sé que tú puedes alcanzar lo que yo no puedo ni imaginar. Si algunas de mis peticiones no conviene para mi bien eterno, cámbiala por lo que más necesito, pero si es tu voluntad concedérmelas, que sea para la mayor gloria de tu hijo, Jesús.
Amén

